Segunda cita en solitario con uno de los participantes de mi primer trio. El pasado viernes quedamos para tomar algo en un bar que se encuentra en la misma calle que una discoteca para osos, pero en el que nunca había reparado. De igual forma que el bar me sorprendió gratamente, el tío algo salvaje y con poco tacto que me encontré en mi cama junto a otro hombre me sorprendió con una forma de ser agradable y la confesión de que ahora mismo buscaba algo más que puro sexo ocasional. Al fin y al cabo todos necesitamos alguien con el que compartir las cosas más estúpidas, alguien a quien dibujar en el pecho un corazón con el dedo mientras le embistes con fuerza, susurrándole "Te quiero".
Hoy he vuelto a quedar con él, llamémosle Archivald, y por fin nos hemos acostado en número par, es decir, él y yo a solas en mi cama. A veces muy tierno y a veces bruto, y trabajando con ahínco todas las sensaciones posibles, puede catalogarse la experiencia como altamente satisfactoria. Cuando la otra persona sabe cómo llevar el control que te está arrebatando con sus manos, su cuerpo o un cinturón atado a las muñecas, dejarse llevar es una delicia.
Después de la cena de sushi y pizza, mientras acariciaba su pelo y su barbilla ha musitado: "Estás curioso". ¿Así cómo?, le he preguntado. "Así como estás".
Es un claro ejemplo de cuándo no añadir nada más.
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