Tanto tiempo pensando en tener tríos y ahora se está convirtiendo en algo casi habitual. Ayer fue la fiesta de cumpleaños de Ricky, un amigo-amante con el que tengo una relación muy especial. Este verano estuvimos como un par de meses saliendo, viendo cómo evolucionaba lo nuestro, y la verdad es que desarrollamos una relación muy cómplice y feliz. Al final él me comentó (con una preocupación adorable que yo me apresuré a calmar) que no me veía como su pareja, y afortunadamente hemos sabido mantener y alimentar nuestra amistad. No lo catalogaría como un follamigo, tampoco como un amante... Prefiero no etiquetarle, es simplemente mi Ricky.
Varias veces habíamos fantaseado con la posibilidad de hacer un trío juntos si encontrábamos a un tercer implicado que nos apeteciera a los dos. Ayer vino a la fiesta Jaume, un amigo de Barcelona de Ricky. Siendo él y yo regordetes, peluditos y achuchables como somos, parecía claro que el catalán, aficionado a los osetes y cachorros, no se nos resistiría mucho. Y así fue.
Supongo que hay muchas clases de tríos, aunque un hecho diferencial básico es si sientes afecto por uno de los componentes, o quizá por los dos. En nuestro caso el afecto se centraba en Ricky. Jaume añadía el componente de morbo: cuerpo tatuado, cero pluma, rapado. Una joya. Con la polla algo pequeña, eso sí. El intercambio de roles fue como la seda, dejándole al noi que ejerciera de activo para ambos. Logré relajarme y disfrutar de ver a Ricky en sus manos, aunque no pude evitar sentirle un poco más mío, o reclamar su cariño de vez en cuando. Aún en el caso de ser un trío con dos desconocidos, o con una pareja, uno tiende a establecer prioridades. El deseo y la atención no pueden dividirse al 50% de forma exacta, y al final de la noche o al cabo de las horas deseamos abrazar a uno más que a otro, o esperamos que el otro cuerpo desaparezca para disfrutar en solitario del que tenemos entrelazado. ¿Son los tríos la suma de tres unidades, o más bien un 2+1?
La cuestión es que esta mañana, mientras Ricky se duchaba, Jaume y yo nos hemos montado un numero a dos. Sin embargo, más que el polvo con él lo más agradable de la mañana ha sido cuando, con la cama ya para mí solo y a medio dormir, Ricky ha entrado en el cuarto oliendo a limpito y me ha dado un beso tan tierno como los que suele prodigarme. No se si seguiré interesado en estas prácticas o si dejaré pasar un tiempo antes de volver a follar en impar. No creo que vaya a echarlo mucho de menos. Después de todo, siempre estamos disputando un ménage à trois interior entre lo que queremos, lo que tenemos y lo que decimos cuando nos preguntan si es suficiente para nosotros.